sábado, 5 de abril de 2025

5 de abril fiesta de San Vicente Ferrer.



 Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350. Fueron sus padres Guillermo Ferrer, notario público, y Constancia Miguel, personas virtuosas y distinguidas en la caridad con los pobres. Tuvieron tres hijas y tres hijos.  Los padres le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor por los pobres. 
Lo encargaron  repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar.  Le enseñaron también a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada sábado en honor de la Virgen Santísima. Estas costumbres las ejercitó durante toda su vida

    A los  siete años recibió la tonsura clerical. A los once era Beneficiado de la parroquia de Santo Tomás. Y a los diecisiete, ya postulante dominico. Tenía tanta calma como ardor. Tanta pasión como razón. Y todo, dominado por el amor de Dios.

    Durante su juventud el demonio lo asaltó con violentas tentaciones y, además, como era bien parecido, varias mujeres de dudosa conducta se enamoraron de él y como no  hizo caso a sus zalamerías, le inventaron terribles calumnias contra su buena fama. Todo esto lo fue haciendo fuerte para soportar las pruebas que le iban a llegar después.

    En 1370, a los veinte años, Vicente Ferrer se incorporó a la Orden de Santo Domingo. Era un joven de inteligencia prodigiosa, viva imaginación e ingenio penetrante.

    Siendo un simple diácono lo mandaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente anunció en un sermón que  esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a Vicente, el predicador. Los superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.

     Para formar a un dominico eran necesarios quince años de estudios. Estudió dos años Lógica en Barcelona. Y enseñó en Lérida otros dos años la misma materia. Luego volvió a Barcelona para estudiar cuatro cursos de Teología. Después, en Touluose, hizo un curso  especial de Teología, que le abrió a la corrientes teológicas del momento.  A los veintiocho años recibió, con calificación "Summa cum Laude", el doctorado en Teología y se dedicó a la enseñanza de la ciencia sagrada durante ocho años en las universidades de Valencia, Barcelona y Lérida.

    Volvió a Valencia cuando tenía veintinueve años y fue ordenado sacerdote. Elegido prior de su convento, tuvo que renunciar a los pocos meses, porque su comunidad estaba dividida, como toda la Iglesia, a causa del Cisma de Occidente. Durante cuarenta años luchará por la unidad de la Iglesia, dividida  por el cisma "lamentable y doloroso", división que le hizo sufrir mucho.

     San Vicente Ferrer reconoció primero al Papa de Avignón (el Papa Luna), de quien fue confesor y ante quien rechazó el nombramiento de obispo. Posteriormente, viendo el escaso interés de dicho Papa para solucionar el Cisma de Occidente, le abandonó y recorrió diversas regiones aconsejando a príncipes y logrando que retirasen su obediencia a los Papas aviñonenses, por el bien de la Iglesia. En este propósito coincidió al final con Catalina de Siena.

    Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas y había muchísima desunión. De tanto afán se enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos, campos y países. Y Vicente recuperó inmediatamente la salud. En adelante, Vicente recorrerá el norte de España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales.

    Así, Vicente Ferrer se siente llamado por Cristo a evangelizar Europa. A partir de ese momento recorre comarcas de España, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia e Inglaterra, predicando en plazas, caminos y campos.

    Los primeros convertidos fueron judíos y moros. Dicen que convirtió más de 10,000 judíos y otros tantos musulmanes o moros en España.

    Las multitudes se apiñaban para escucharle, donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle y entenderle a bastante distancia.

    Sus sermones duraban casi siempre más de dos horas (un sermón suyo de las Siete Palabras en un Viernes Santo duró seis horas), pero los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con tal emoción y de temas tan propios para esas gentes, y con frases tan propias de la  Biblia, que a cada uno le parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.

    Antes de predicar rezaba durante cinco o más horas  para pedir a Dios la eficacia de la palabra, y conseguir que sus oyentes se transformaran al oírle. Dormía en el  suelo, ayunaba frecuentemente y se trasladaba a pie de una ciudad a otra (los últimos años se enfermó de una pierna y se trasladaba cabalgando en un burrito).
    En aquel tiempo había predicadores que lo que buscaban era agradar a los oídos y componían sermones rimbombantes que no convertían a nadie. En cambio, a San Vicente lo que le interesaba no era lucirse sino convertir a los pecadores. Y su predicación conmovía hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. Gentes que siempre se habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta 15,000 personas se reunían en los campos abiertos, para oírle.

    Después de sus predicaciones lo seguían dos grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios, alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban hasta el próximo pueblo a donde el santo iba a predicar, y allí le ayudaban a organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.

    Como la gente se lanzaba hacia él para tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.

    Las gentes se quedaban admiradas al ver que después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la costumbre de hablar de cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad. Y hay un dato curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.
 
    Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Hablaba de la sublimidad de la Santa Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del cielo y del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios, era inmenso.

    Pero el tema en que más insistía este santo predicador era el Juicio de Dios que espera a todo pecador. La gente lo llamaba "El ángel del Apocalipsis", porque continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis enseña acerca del Juicio Final que nos espera a todos. El repetía sin cansarse aquel aviso de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras" (Apocalipsis 22,12). Hasta los más empecatados y alejados de la religión se conmovían al oírle anunciar el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).

    Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación. Y uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas, siendo que él solamente hablaba el español, el valenciano y el latín. Y sucedía frecuentemente que las gentes de otros países le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés.

    San Vicente se mantuvo humilde a pesar de la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas". Así son los santos. Grandes ante la gente de la tierra pero se sienten muy pequeñitos ante la presencia de Dios que todo lo sabe.

    Los últimos años, ya lleno de enfermedades, lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Era como un milagro. Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de entusiasmo.
    El santo regalaba a las señoras que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa "agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la mujer no le podía contestar al marido, no había peleas.

   San Vicente intervino en el Compromiso de Calpe y declaró rey de Aragón a Fernando de Antequera, frente al Conde de Urgel.

    En su vida ajetreada supo sacar tiempo y serenidad para escribir. En su obra "Tratado de Vida Espiritual" se manifiesta como Maestro de Santidad. En  él aconseja oración, silencio, pureza,  obediencia, humildad, comprensión de los defectos ajenos, que hay que llevar a la espalda, para no fijarse en ellos, y tener presente los propios, así como también conocimiento de sí mismo, valor en las tentaciones, penitencia, paciencia en las pruebas y perseverancia en la oración.

   Todos los días San Vicente Ferrer cantaba misa y predicaba durante dos o tres horas. Para  él predicar es sembrar, derramar la vida, porque la vida se conserva  por la semilla. 
Es sembrar en las conciencias el grano del Evangelio. Fruto de ese trabajo paciente eran sus sermones, que llenaban de entusiasmo a las multitudes, en los que hay claridad, profundidad y riqueza de imágenes. En estos sermones se aprecia su gusto por la magnificencia, la música, la pintura, las flores y las misas bellas y solemnes.

  El Espíritu Santo enriqueció a San Vicente Ferrer con carismas proféticos de evangelizador,  taumaturgo, pastor de almas y constructor de la paz. En nuestra Comunidad Valenciana se conoce bien la historia legendaria de sus  abundantes milagros que le envuelven u le mitifican, incluso antes de nacer.

    San Vicente Ferrer murió en la ciudad de Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, Miércoles de Ceniza,  a la edad de 69 años. Fueron tantos sus milagros y tan grande su fama, que fue declarado santo a los 36 años después de haber muerto (el 29 de Junio de 1455) por Calixto III, a quien San Vicente le había profetizado "Serás Papa y me canonizarás".
  Su cuerpo se conserva en Vannes, Francia.



  

miércoles, 2 de abril de 2025

Taller de Imaginería Religiosa San Juan de Dios.

 


2 de Abril fiesta de San Francisco de Paula.




Francisco nació el 27 de marzo de 1416 en Paula (Cosenza-Italia) de Jaime Martolilla y Viena de Fuscaldo. Dado que ambos eran ya de edad avanzada, atribuyeron el nacimiento de su primogénito a la intercesión de San Francisco, y por ello le dieron el nombre del Santo de Asís y prometieron revestirlo del hábito votivo de los Franciscanos.
A la edad de quince años Francisco fue acompañado por sus padres al Convento de San Marco Argentano (Cosenza), para cumplir el voto y prestar un año de servicio a la comunidad. Aquí Francisco manifestó su inclinación a la oración y sus dotes de piedad, acompañadas de manifestaciones sobrenaturales, las mismas que, más adelante, alimentarían su fama de gran taumaturgo. 
Al término de su permanencia en el convento, los religiosos querían retenerlo, pero el joven Francisco, intuyendo que para él se aproximaba el momento de hacer una opción radical de vida y advirtiendo en sí una gran inquietud por conocer las diversas formas de vida religiosa, dejó el convento y, junto con sus padres, emprendió una peregrinación. Fue a Asís, pasando por Montecasino, Roma, Loreto y visitando los eremitorios diseminados por Monte Luco. La visita a Roma lo turbó profundamente: según su primer anónimo biógrafo, Francisco reprochó el boato de un cardenal con las palabras: "Nuestro Señor no iba de esta manera". El episodio muestra cómo en el ánimo del joven iba madurando la idea de una reforma de la vida eclesial basada en la pobreza.

La peregrinación constituyó para el joven Francisco un motivo serio de reflexión y de decisiones para su futuro. Al volver a Paula, Francisco manifestó a sus padres el deseo de conducir vida eremítica. En torno al 1435, se retiró a las afueras de Paula, en un terreno propiedad de la familia, suscitando gran estupor entre los conciudadanos por la austeridad de su modo de vivir. La experiencia de Paula lo forjó en la contemplación, en el trabajo, en la soledad y en las privaciones y mortificaciones corporales.

Enseguida comenzaron a afluir a su eremitorio muchas personas deseosas de ponerse bajo su guía espiritual y de compartir su mismo género de vida austera. Con la llegada a la diócesis de Mons. Pirro Caracciolo, nombrado arzobispo de Cosenza el 31 de agosto de 1452, el movimiento obtuvo el beneplácito del ordinario diocesano y pudo dotarse de un oratorio. El flujo de peregrinos que se dirigían al eremitorio de Paula atrajo la atención de Pablo II quien, en los comienzos del 1467, envió un visitador de su confianza para indagar sobre la vida de Francisco. A su regreso a la Curia, Mons. Baldassarre De Gutrossis tranquilizó al Papa sobre la fidelidad de Francisco a la Sede Apostólica y, visto que el Eremita había iniciado la construcción de una iglesia, el 7 de julio 1467 le proporcionó una carta colectiva de cuatro cardenales con la cual concedían la indulgencia, con las condiciones acostumbradas, a quienes visitaban o contribuían a los gastos para la construcción de la iglesia de Paula.
 
A comienzos del 1470, con el traslado a Paula del ex visitador, que asumirá el nombre de P. Baldassarre da Spigno, inicia el iter jurídico que llevará al reconocimiento oficial del movimiento eremítico fundado por Francisco. La primera etapa está constituida por el "nulla ostat" concedido por Mons. Caracciolo el 30de noviembre de 1470. 
A distancia de algunos años, gracias al factivo interés del arzobispo cosentino y a la obra diplomática de P. Baldassarre, el 17 de mayo de 1474 el movimiento obtiene la aprobación pontificia, asumiendo el nombre de "Congregación eremítica paolana de S. Francisco de Asís". Al eremitorio de Paula siguieron los de Paterno Calabro (1472), Spezzano della Sila (1474), Corigliano Calabro (1476) y Milazzo (1480). La vida de estos eremitas estaba regulada por las "ordenaciones y estatutos" que, en parte, confluyeron en las sucesivas redacciones de la regla.
 
Francisco se convirtió para Paula en un punto de referencia religioso y social, entrando en el corazón de la gente que se dirigía a él para consultarle problemas de diversa naturaleza. El Eremita era visto, además, como el único baluarte en condiciones de oponerse a los abusos de la corte aragonesa, como la persona capaz de ponerse de parte de la gente pobre y humilde de aquel extremo del Reino de Nápoles y de asumir un papel de auténtico "humanista" en favor de quien no tenía voz. Francisco era, por su forma de vida, un contestatario que recordaba las grandes figuras del anacoretismo. Lo buscaban potentes y humildes, y él no hacía distinción de clases sociales: un testimonio del proceso apostólico de Cosenza afirma que Galeazzo di Tarsia, barón de Belmonte, se dirigió muchas veces a Paula pidiendo la curación, y que Francisco le hizo transportar las piedras junto a los demás operarios. El Santo supo crear entorno a sí un ambiente de profunda religiosidad y fe, con la invitación constante a la oración y a la observancia de la voluntad de Dios.

Desde el principio, Francisco tuvo fama de gran taumaturgo. Los prodigios acompañaron toda su vida, a partir de la construcción de los primeros conventos hasta su partida para Francia. Fue el suyo un poder taumatúrgico a favor de todos, pero en particular de los pobres y de los oprimidos por las difundidas malversaciones de los poderosos, contra los cuales Francisco no se cansó de levantar la voz. 

Los elementos usados para el milagro eran verdaderamente secundarios o insignificantes, los primeros que encontraba a la mano, como para hacer comprender que no eran éstos los que curaban o resolvían el problema, sino Dios. Hay un hecho que subraya muy bien la "metodología" del milagro. Un joven de Paula, no obstante haber recurrido a médicos de fama, tenía en un brazo una llaga que no se cerraba. La madre le dijo: "Ve también tú al eremitorio de Francisco y verás cómo te concede la gracia". Se decidió, fue y expuso su problema y todas las tentativas que había hecho para sanar. Francisco se agachó, tomó la primera hierba que le vino a la mano y dijo: "Hazla hervir, ponla sobre la llaga y quedarás curado". 
El joven lo miró y le dijo: "De esta hierba hay mucha en Paula, ¿es posible que haga milagros?" El Eremita replicó: "Es la fe la que hace milagros". A un sacerdote que le hacía esta pregunta: "¿Cómo haces para saber que esta hierba tiene virtud curativa?", Francisco respondió con sencillez evangélica: "A quien sirve fielmente a Dios y observa sus mandamientos, incluso las hierbas le manifiestan su poder". Muchos de sus milagros impresionaron grandemente a literatos y artistas, que los inmortalizaron en sus obras, como el conocido episodio del paso del estrecho de Mesina, realizado sobre su manto extendido sobre las olas del mar.

Llevada por los comerciantes napolitanos, la fama de Francisco llegó a Francia, a la corte de Luis XI, entonces enfermo, el cual pidió al Papa Sixto IV que hiciese llegar al Eremita paulano a su cabecera. Fue el inicio del "capítulo diplomático" de la vida de Francisco. 

El Pontífice, buscando un acercamiento a Francia, con la cual deseaba un acuerdo para la abolición de la Pragmática Sanción de Bourges del 1438, acogió favorablemente la embajada francesa y lo mismo hizo el rey de Nápoles. Fueron sin embargo necesarios muchos meses para convencer a Francisco, el cual aceptó partir solamente cuando el Papa se lo impuso. Fue para el Eremita una obediencia difícil: tenía 67 años, su Congregación se había extendido desde hacía poco tiempo también en Sicilia y, sobre todo, sentía reticencia ante la idea de ir a vivir en un palacio, con una dotación regia , después de haber vivido por más de treinta años en un eremitorio. El sacrificio pedido de dejar el Reino de Nápoles sería después largamente compensado por el favor de la corte francesa hacia su Orden y por las intervenciones de la misma ante la Curia Romana.

Dejando el eremitorio de Paterno el 2 de febrero de 1483, Francisco fue acogido triunfalmente en Nápoles tanto por el pueblo como por la corte, que de su partida a Francia esperaba un alejamiento de la temida invasión del Reino por parte de los Valois. 

El rey Fernando I pretendía una relación preferencial de su súbdito. En Roma Sixto IV lo recibió diversas veces, confiándole delicados encargos. A su llegada al castillo de Plessis-les-Tours, Luis XI se arrodilló ante él, pidiéndole la bendición. El monarca no obtuvo la curación, pero la acción del Paulano en la corte, llevó a un largo período de buenas relaciones entre el papado y la monarquía francesa, del cual se beneficiaron también los Reinos de España, Bohemia y Nápoles.

Francisco fue enseguida apreciado en la corte y –no obstante su desconocimiento de la lengua- fue rodeado tanto de los humildes como de los doctores de la Sorbona, deseosos de reforma personal estos últimos y en busca de intervenciones prodigiosas los primeros. 
Francisco vivió en Francia alrededor de veinticinco años y se creó su mundo trabajando un trozo de tierra, presentándose como reformador de la vida religiosa y con la aureola de hombre de Dios penitente, eremítico, un nuevo Juan Bautista. 

Por esto su austero estilo de vida fue escogido por algunos benedictinos, franciscanos y eremitas, que dejaron las respectivas familias religiosas para agregarse a Francisco. Su llegada, además de internacionalizar la Congregación calabresa, determinó un profundo cambio en su interior, en cuanto que fue abandonado el eremitismo y fue introducida la vida cenobítica. 

Este cambio llevará al nacimiento de la Orden de los Mínimos, seguido por la fundación de la Tercera Orden seglar primero y después de las Monjas. Las respectivas reglas fueron definitivamente aprobadas por Julio II el 28 de julio de 1506.
Francisco se apagó en Tours el 2 de abril de 1507. La fama de este taumaturgo, a través de las tres ramas de la familia Mínima (frailes, monjas y terciarios), se difundió en Europa, favoreciendo su beatificación (7 julio 1513) y su canonización (1° mayo 1519), obtenida a solamente doce años de su muerte.

Francisco entraba en el corazón de la gente y su protección se extendió a numerosos Reinos; se multiplicaron las iglesias en su honor, la gente lo invocaba con familiaridad y conservaba sus recuerdos como preciosas reliquias (en el 1510, incluso antes de su beatificación, existía quien iba a Paula para tocar o para revestir los indumentos por él usados). Patrono de la gente del mar italiana – Pío XII lo declaró tal el 27 de marzo de 1943- y de diversos reinos, entre los cuales se encuentran Francia, España, Nápoles, Bohemia, es invocado de manera particular para conseguir prole. 

La emigración de las poblaciones del Sur de Italia -Francisco es patrón de Calabria con Breve de Juan XXIII del 1963- y las conquistas territoriales de la corona de España han contribuido mucho a difundir el culto y algunas prácticas de devoción por él sugeridas. Es uno de los santos más conocidos de la cristiandad y muchos llevan su nombre, perpetuando tradiciones familiares.

La iconografía es abundante. La efigie más conocida y que ha inspirado a numeros pintores es la de Jean Bourdichon. Es necesario decir que ya antes de la canonización (1519), sobre el sepulcro de Francisco se encontraba "el retrato del natural del buen hombre, el cual tenía una gran barba blanca, enjuto y con el rostro grave y lleno de santidad". Después del Concilio de Trento, paralelamente a cuanto ha sucedido en el campo hagiográfico, la iconografía evidenció sobre todo el dato taumatúrgico del Santo.




2 de abril fiesta de San Pedro Calungsod.




Catequista Laico y Mártir

Nació el 21 de julio de 1654. Era nativo de Bisayas, muy probablemente de lo que en la actualidad es la Provincia de Cebú (Filipinas).

Pedro Calungsod era un adolescente cuando salió de las Filipinas para las islas Ladrones en el Pacífico Oriental en 1668.

El jóven catequista era parte de un grupo de misioneros jesuitas que habían ido a traer a Cristo al pueblo Chamarro.

La vida era dura en las islas. Los víveres frecuentemente tardaban en llegarles y eran sujetos a tifones.

A pesar de las privaciones, Pedro y los misioneros tuvieron éxito evangelizando a la gente. Las islas cambiaron de nombre a Las Marianas en honor a la Virgen María.

No tardaron en circular rumores acerca del agua que usaban los misioneros para bautizar a los conversos. Decían que era venenosa, y como algunos bebes morían después de su bautismo, muchos creyeron en los rumores.

El 2 de Abril de 1672, Pedro y un sacerdote jesuita, el Padre Diego, bautizaron a un bebe sin el consentimiento del Padre. El Padre se enfureció y empezó a aventarle lanzas a Pedro.

El Padre Diego no le permitía a sus compañeros cargar armas así es que no pudieron defenderse. Pedro fue herido en el pecho y en la cabeza. 

El Padre Diego le dio una absolución sacramental y después a él mismo le dieron muerte. Los asesinos echaron los cadáveres al mar y los restos de estos mártires nunca se recobraron.

Al recibir las noticias, los compañeros de Pedro dijeron: "¡Joven afortunado! ¡Qué bien recompensados fueron sus cuatro años de servicio constante a Dios en esta misión tan difícil: ha ganado la primera entrada al cielo a nuestro superior, Padre Diego!".

Pedro era un buen joven, un catequista virtuoso, un asistente constante y un buen Católico cuya perseverancia en la fe hasta el martirio comprobó que era un buen soldado de Cristo.

El Padre Diego Luis de San Vítores fue beatificado en 1985. Quince años después, el 5 de marzo de 2000, su compañero Pedro Callungsod fue también beatificado por S.S. San Juan Pablo II.

El milagro para su canonizacion

El 19 de diciembre de 2011 la Santa Sede aprobó oficialmente el milagro aceptado por la Congregación para la Causa de los Santos, que no se dio en circunstancias confusas o remotas, sino en los quirófanos de un hospital de la ciudad filipina de Cebú en 2003.

Varios medios de comunicación afirman que la beneficiada por este milagro llevaba dos horas "clínicamente muerta" cuando el cirujano cardíaco rezó por ella pidiendo la intercesión del entonces Beato Pedro. Otros afirman que sufría "muerte cerebral". No hay un comunicado oficial de la Iglesia que haya difundido la naturaleza médica concreta del caso.


Los medios más detallistas citan al vicepostulador de la causa, Ildebrando Leyson, quien asegura que la mujer, una empresaria que ni siquiera había oído hablar nunca del beato, sufría un "coma de grado 3 en la escala Glasgow". 

El grado tres es el peor, el más bajo (no hay Glasgow 2 ni 1 ni 0), es el que se da cuando, tras un traumatismo cerebral, no se responde ni a estímulos auditivos, ni al dolor, ni a la luz en los ojos. La empresaria llevaba dos horas en este estado (que si no es la muerte es su antesala) a causa de un infarto de corazón.

Hoy está sana, alegre, trabaja en la ciudad de Leyte y piensa acudir a la canonización, según adelantó en el Cebu Daily News el cardenal y arzobispo emérito Ricardo Vidal, gran promotor del santo. Los médicos locales, como los de la comisión médica vaticana, no atribuyen su recuperación a la medicina ni a una causa conocida.

Canonizado el 21 de octubre de 2012 por el Papa Benedicto XVI.






martes, 1 de abril de 2025

Nuevos trabajos.

Recién terminados, espero les gusten. En próximas salidas les comentaré el paso a paso que seguí para poderlos realizar. Paz y Bien.
San Pedro Nolasco



Santa Francisca Javier Cabrini



Carlos Pacheco, exímio escultor figurativo.



Queridos amigos del Blog y del Facebook, les quiero presentar a un excelente escultor figurativo que vive en mi ciudad (Oberá, Misiones, Argentina). No solo es un excelente amigo, sino que además es un artista plástico de nivel superlativo. 

Le he pedido que este año hagamos algunos trabajos en conjunto de imágenes religiosas y gracias a su buena predisposición, estamos trabajando en ello. Él con sus manos maestras, se encargará de las caras, manos y pies y el resto quedará en las mías. 

Estamos contentos, porque sabemos que serán las piezas del agrado de todos ustedes. Le pedí a Carlos que se presentara para todos ustedes y así lo hizo:



Mi nombre es Carlos Hugo Pacheco, tengo 23 años y soy Escultor figurativo radicado en Oberá, provincia de Misiones, Argentina. 

Estudié el Profesorado en Artes Plásticas, en la Facultad de Arte y Diseño en la Universidad Nacional de Misiones y realicé cursos y pasantías con el escultor Carlos Benavidez, Vilma Villaverde y Eudald de Juana. Mi gran meta a futuro es poder estudiar en The Florence Academy of Art en Florencia, Italia.

Realizo obras de colección personal como también hago retratos o cuerpos completos de personas por pedido exclusivo de cada cliente, los realizo en cualquier formato: para escritorios (bustos) o bien como monumentos. Puedo hacer: santos, personajes bíblicos, históricos o de cualquier índole.

Generalmente mis obras las modelo en Arcilla para sacar molde y luego vaciar en yeso, cemento o resina.

He participado en muestras colectivas y realizado numerosos monumentos para espacios privados y públicos. Participe en varios concursos, siendo el más importante el denominado “Homenaje a la trayectoria de la Feria Provincial del Libro”, habiendo obtenido el primer premio con la obra “Gran legado”. Recibí otras menciones en encuentros de ceramistas y escultores.




Mi obra posee un estilo de figuración académica, motivados siempre por, la obra de Miguel Ángel, Rodin, Benlliure, Miquel Blay, Eudald de Juana, Javier Marín, entre muchos otros.

Para pedidos contactarse a:
MAIL: esculturaspache@gmail.com

TELÉFONO Y WHATSAPP: +54 03755 15308864

Para conocer mi trabajo los invito a visitar mi Instagram:
 www.instagram.com/pache_esculturas